Impresionismo y sus máximos exponentes

La esencia de la corriente artística del impresionismo se basa en que las obras son como algo inacabado para que el espectador pueda animarse a acabar de construirla. Es de esta manera como la relación entre el autor y el espectador cambia radicalmente. En el caso de la pintura impresionista es interesante como resultado plástico, y no tanto por su temática, en el sentido figurativo era profundamente intelectual y difícil de interpretar.

Con el aporte del impresionismo hace su aparición en la pintura de manera inevitable el subjetivismo del artista, estos manejan una tonalidad personal, una modelación cromática tan distintas como lo son las inspiraciones. Se da inicio a tomar en cuenta una nueva dimensión: la temporal, con esta el pintor plasma en su obra el instante de la visión.

Entre los representantes más destacables del impresionismo encontramos al pintor Frédéric Bazille, muy experimentado en retratos. Algunos de sus obras más importantes las encontramos por ejemplo en el Museo de Orsay en París. Nos referimos a La Robe rose, a la Réunion de Famille y al L’Atelier de la rue Condamine. En el Museo Fabre de Montpellier encontramos otras obras como Atelier de la rue Furstenberg, Aigues-Mortes, Vue de village y La Toilette.

Otro representante del impresionismo fue Gustave Caillebotte, quien pintó cuadros que podemos ver en el Museo de Orsay de París. Nos referimos a Les Raboteurs de parquet, La Gare Saint Lazare y Vue de toits, effet de beige. Muchas de sus demás obras se encuentran en manos de coleccionistas privados y en museos de Génova, Chicago, Washington, Houston y Ruán.


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