Explorar las regiones montañosas de Tailandia es descubrir una cara del país muy distinta a la de las típicas playas de postal. Entre cordilleras cubiertas de selva, mesetas elevadas, valles fluviales y aldeas de minorías étnicas, el norte y el noreste tailandés ofrecen un mosaico de paisajes y culturas que da para muchos viajes. Aquí el clima es más fresco, la vida rural sigue marcando el ritmo y los senderos de trekking permiten adentrarse en un entorno natural que todavía conserva grandes áreas de bosque.
Al mismo tiempo, estas montañas están profundamente ligadas a la geografía, la historia y la economía de Tailandia: forman parte de grandes sistemas orográficos que se prolongan por Birmania, Laos y hasta el Himalaya; han sido refugio de pueblos de origen chino y tibetano-birmano; y hoy concentran desde parques nacionales muy conocidos como Doi Inthanon o Khao Yai hasta rincones casi vírgenes como Phu Soi Dao. Si te gusta caminar, la naturaleza y los paisajes de altura, te va a sobrar donde elegir.
Contexto geográfico y relieve montañoso de Tailandia
Dentro del Sudeste Asiático, Tailandia ocupa el centro de la península de Indochina, con costas tanto en el mar de Andamán (océano Índico) como en el golfo de Tailandia, que se abre al mar de la China Meridional. Su territorio, de algo más de 513.000 km², combina zonas de alta montaña en el norte, mesetas interiores, una gran llanura central muy fértil y un istmo alargado en dirección sur, tapizado de playas y montes tropicales.
Desde el punto de vista del relieve, se suelen distinguir cuatro grandes regiones fisiográficas. Al norte, dominan las sierras y altiplanos; en el noreste aparece la extensa meseta de Khorat; en el centro se extiende la gran llanura del Chao Phraya, auténtico “granero” del país; y en el sur, la península malaya agrupa cordilleras bajas pero abruptas, salpicadas de playas y acantilados de roca caliza.
Geomorfológicamente, las principales áreas montañosas se concentran en el norte y noroeste del país, donde las sierras se orientan grosso modo de norte a sur y se prolongan hacia Birmania y Laos. Estas cordilleras forman parte de un amplio sistema de colinas y montes que se enlazan con las tierras altas de Shan, la región laosiana y, más al norte, con los contrafuertes del Himalaya.
El clima del país es típicamente tropical, con altas temperaturas y humedad significativa a lo largo del año, pero en las zonas de altitud el ambiente es más fresco. En muchas cumbres del norte, por encima de los 1.000 o 1.500 metros, los inviernos registran temperaturas frías, incluso con heladas puntuales, aunque sin llegar a nevar.
Las tierras altas del norte de Tailandia
Lo que muchas veces se denomina “tierras altas de Tailandia” o “colinas del norte” hace referencia a una amplia región montañosa que ocupa el norte del país, extendiéndose por las nueve provincias de la región norte administrativa y parte de las de Tak y Sukhothai. Es un relieve de cordilleras paralelas, valles encajados y cuencas intermontanas, con pocas zonas llanas amplias.
Las altitudes más habituales en estas sierras se sitúan por encima de los 2.000 metros en las cumbres principales, con fondos de valle entre 200 y 500 metros sobre el nivel del mar. Hacia la frontera con Laos, la línea divisoria de aguas con la cuenca del Mekong se eleva de nuevo, con picos que superan ocasionalmente los 1.500 metros, encajando ríos en valles estrechos de laderas muy escarpadas.
El régimen climático es el propio de las montañas tropicales con estación seca y época de lluvias bien diferenciadas. Durante el monzón, la humedad es muy alta y los senderos suelen embarrarse; en la estación seca, los días pueden ser templados pero las noches resultan frescas o frías en las alturas, con heladas frecuentes en las cimas más elevadas, aunque sin presencia de nieve.
Desde un punto de vista geológico, buena parte de estas sierras montañosas se inscribe en la llamada Shan-Thai Terrane, una antigua unidad tectónica. En el sector sur de las colinas de Shan predominan las superposiciones de depósitos aluviales sobre rocas duras, mientras que los relieves próximos a la frontera laosiana se componen sobre todo de calizas del periodo permo-carbonífero, lo que genera paisajes mucho más abruptos, con formas kársticas muy marcadas pese a no alcanzar grandes altitudes.
Principales cordilleras del norte tailandés
Exceptuando la cordillera de Daen Lao, que se sitúa en el extremo más septentrional y presenta una orientación algo diferente, el resto de sistemas montañosos del norte tailandés están, en general, alineados de norte a sur. Todas estas sierras se conectan con los montes de Birmania y Laos, hasta el punto de que no existe un nombre común aceptado para todo el sistema; por ello, se utiliza a menudo la expresión “tierras altas tailandesas” para referirse sólo al tramo que se encuentra en territorio del país.
En el sector occidental, las cordilleras descienden hacia el sur desde Daen Lao, enlazando con las colinas Shan y las llamadas tierras altas de Shan. Aquí destaca la presencia de dos cadenas paralelas que forman la cordillera de Thanon Thong Chai, donde se localizan las montañas de mayor altitud de todo el país, incluido el Doi Inthanon, techo de Tailandia con 2.565 metros. Más al oeste, la cordillera de Dawna marca en muchos tramos la frontera natural con Birmania, especialmente en la provincia de Mae Hong Son y junto al río Salween.
Hacia el este y noreste se disponen varias sierras paralelas que se prolongan en dirección norte hacia Laos, entre ellas la cordillera de Khun Tan, la de Phi Pan Nam, la de Phlueng y la sección occidental de la cordillera de Luang Prabang. Este laberinto de montes separa distintas cuencas fluviales y crea multitud de valles interiores donde se asientan pequeñas poblaciones agrícolas.
La red hidrográfica asociada es muy densa. Una gran porción de la superficie montañosa está drenada por los ríos Ping, Wang, Yom y Nan, que confluyen más al sur para formar el Chao Phraya, el río más importante de Tailandia. Las sierras que separan estos ríos son bastante continuas, altas y agrestes, aunque hacia el este y en las cuencas del Wang y el Yom las alturas se suavizan ligeramente.
Otros cauces relevantes son el río Pai, que discurre por el noroeste y vierte sus aguas hacia el Salween en Birmania, así como varios afluentes del Mekong, como el río Kok y el río Ing en el noreste. Este complejo sistema de ríos y montañas ha condicionado históricamente las comunicaciones en la región, haciendo que muchas aldeas quedaran aisladas durante siglos.
Vegetación, medio ambiente y problemas ecológicos
Originalmente, las colinas y montañas del norte tailandés estaban cubiertas por selva tropical montañosa muy densa, con árboles de gran porte, una rica biodiversidad y suelos protegidos por una gruesa capa de materia orgánica. Sin embargo, las prácticas agrícolas tradicionales, la expansión de los cultivos de ladera y la tala intensiva de madera han reducido mucho la extensión del bosque maduro.
En su lugar, predominan actualmente los bosques secundarios y vegetaciones mixtas, resultado de siglos de rotaciones agrícolas, abandono de parcelas y regeneración natural. En muchas laderas degradadas ha acabado imponiéndose la hierba Imperata cylindrica, muy resistente, que se ha convertido en el estrato dominante. Esta gramínea, lejos de ser sólo un problema, se utiliza ampliamente como material de cubierta para tejados y permite cierto aprovechamiento ganadero, como demostraron estudios agrícolas de los años setenta.
La degradación ambiental se ve agravada por los incendios forestales recurrentes durante la estación seca. Cada año, agricultores locales prenden fuego a zonas boscosas o matorrales con el objetivo de despejar el terreno, favorecer el rebrote o reclamar tierras como “bosque degradado”, una categoría que facilita más adelante la obtención de títulos de propiedad. En ocasiones, son los propios especuladores los que pagan a terceros para quemar grandes superficies.
La humareda procedente de esos fuegos es la principal responsable de la llamada “neblina del norte”, un episodio de contaminación atmosférica muy intenso que se repite temporada tras temporada en las tierras altas tailandesas y afecta también a ciudades como Chiang Mai o Chiang Rai. A ello se suma el incremento del riesgo de inundaciones: al arder el sotobosque y pelarse el suelo, los árboles retienen menos agua y los aguaceros del monzón arrastran con facilidad la tierra desprotegida.
Para revertir esta tendencia, el futuro de la región pasa por combinar la silvicultura sostenible con cultivos perennes en las cotas más bajas, como frutales (duraznos y otros árboles de clima fresco) y sistemas agroforestales. En algunos sectores se han impulsado proyectos de restauración de la cubierta forestal y reforestación de áreas muy degradadas, aunque los resultados son desiguales y dependen mucho de la implicación de las comunidades locales.
Población de las tierras altas y tribus de montaña
A pesar de su extensión, una parte significativa de las tierras altas del norte sigue estando escasamente poblada. Históricamente, estos espacios sirvieron de refugio para diversos grupos humanos que huían de conflictos, persecuciones o sistemas de gobierno central demasiado opresivos en sus países de origen.
Durante siglos, aldeas y campamentos de montaña han estado habitados por distintas minorías étnicas de origen chino o tibetano-birmano, como los akha, yao (o mien), lahu, khmu, hmong y lisu, entre otros. Estos pueblos desarrollaron sistemas agrícolas de roza y quema, con ciclos de cultivos itinerantes adaptados a su entorno montañoso y a las fuertes pendientes.
En las últimas décadas, muchos de estos grupos han vivido un proceso progresivo de integración en la sociedad tailandesa mayoritaria. Esto se ha traducido en mayor acceso a infraestructuras, escuelas y servicios sanitarios, pero también en tensiones alrededor de la propiedad de la tierra, la conservación del bosque y la transformación de costumbres tradicionales.
Los conflictos en Birmania han provocado, además, la instalación de campamentos de refugiados en varias zonas montañosas de Tailandia. Entre los colectivos más visibles para el turismo se encuentran algunas comunidades karen y kayah, especialmente las llamadas “karen de cuello largo”, cuya presencia en aldeas de fácil acceso se ha convertido en reclamo para excursiones organizadas y visitas fotográficas.
En el pasado reciente, por encima de los 1.000 metros de altitud, uno de los cultivos más importantes de la región fue el opio. Hasta la década de 1990, grandes áreas de montaña producían esta planta, dentro y fuera del célebre “Triángulo de Oro” en las fronteras de Tailandia, Laos y Myanmar. La combinación de desarrollo de infraestructuras, mejoras en la vigilancia y programas de sustitución de cultivos fue reduciendo de manera notable la superficie dedicada al opio.
Regiones montañosas del noreste: Sakon Nakhon, Udon Thani y Loei
Aunque el imaginario montañoso tailandés se asocia sobre todo al norte, el noreste (Isan) también cuenta con zonas elevadas de mucho interés. Provincias como Udon Thani, Sakon Nakhon o Loei reúnen mesetas, cordilleras suaves y parques nacionales que combinan bosque, miradores y cascadas, además de una fuerte identidad cultural propia.
En la provincia de Udon Thani, más allá de la ciudad moderna, sobresale el yacimiento arqueológico de Ban Chiang, considerado uno de los asentamientos prehistóricos más importantes del Sudeste Asiático. Este lugar documenta el desarrollo temprano de la técnica de transplantar el arroz desde campos secos hasta campos inundados y después drenados, un sistema agrícola que se convirtió en base de la economía de la región.
Muy cerca, uno de los rincones más fotogénicos es el “Mar del Loto Rojo” (Talay Bua Daeng), un gran lago cubierto por miles de flores de loto rosado que flotan en la superficie. Los visitantes pueden subir a pequeñas embarcaciones locales y avanzar por los canales hasta el corazón del lago para disfrutar del espectáculo natural, especialmente llamativo al amanecer.
En Sakon Nakhon, la cordillera de Phu Phan se extiende por buena parte de la provincia y ofrece numerosas opciones de senderismo entre montes suaves, bosques, lagos y ríos. Los paisajes combinan colinas arboladas con grandes embalses que regalan vistas amplias, ideales para quienes buscan rutas a pie sin desniveles extremos.
Además del componente natural, la provincia destaca por su patrimonio religioso. El templo Wat Phra That Choeng Chum Worawihan, en la propia ciudad de Sakon Nakhon, es uno de los lugares sagrados más venerados del país. Sus orígenes se remontan a un antiguo monasterio jemer y a la época del reino de Ayutthaya, en el siglo XVII. El chedi principal se levanta sobre un prang de laterita de época jemer y, según la tradición, en ese lugar se habrían reunido cuatro encarnaciones de Buda para dejar sus huellas.
Cultura local, gastronomía y tradiciones en el noreste
En torno a este templo se ha desarrollado una animada calle peatonal teñida de índigo, famosa por sus prendas de vestir tejidas y teñidas de forma artesanal. El color procede de una planta de añil conocida en tailandés como khram, cultivada a lo largo del río Songkhram, que nace en la provincia vecina de Udon Thani y atraviesa Sakon Nakhon antes de unirse al Mekong.
La gastronomía de esta región tampoco se queda atrás. Sakon Nakhon es considerada la cuna de un plato muy apreciado por los amantes de los sabores intensos: el larb, una ensalada picante elaborada tradicionalmente con pollo picado (aunque existen variantes con cerdo o pato), aromatizada con hierbas frescas, lima, guindilla y arroz tostado molido.
Más al oeste, la provincia de Loei se ha ganado fama entre los tailandeses como uno de los últimos rincones relativamente vírgenes del país. Aquí abundan cascadas, embalses y parques nacionales que, pese a ser muy conocidos localmente, siguen pasando desapercibidos para la mayoría de viajeros internacionales.
El Parque Nacional de Phu Kradueng es uno de los emblemas de la zona. Se trata de una gran meseta con una altitud máxima de unos 1.316 metros, rodeada de acantilados y coronada por un amplio altiplano de más de 60 km². La subida, bastante empinada pero sin dificultad técnica, se hace en unas tres horas siguiendo un camino muy claro. Arriba, senderos y pistas permiten llegar a diferentes miradores, siendo el borde de Lom Sak uno de los más populares para contemplar la puesta de sol.
Loei también es famosa por el festival de Phi Ta Khon, conocido como el “Festival de los Fantasmas”, que se celebra cada año en el distrito de Dan Sai. Durante tres días, los habitantes del lugar se disfrazan con coloridas máscaras de espíritus y trajes artesanales, desfilan por las calles y organizan todo tipo de actividades festivas. Es una manifestación cultural muy particular, mezcla de creencias budistas y animistas, que impresiona por su plasticidad.
Senderismo y trekking: las mejores zonas montañosas de Tailandia
Con aproximadamente un 30 % del territorio cubierto de bosques y más de 150 parques nacionales, Tailandia es un destino fantástico para quienes disfrutan del trekking. Aunque el clima general sea caluroso y húmedo, muchas rutas discurren por regiones de montaña a cierta altitud, donde el calor se modera y, en invierno, puede llegar a hacer hasta fresco.
La región montañosa principal es el norte del país, desde las sierras fronterizas con Myanmar hasta las montañas que van descendiendo por la costa occidental hacia el istmo malayo. Aquí los recorridos a pie atraviesan selvas tropicales, bosques de bambú, arrozales de montaña, ríos, cuevas y cascadas, con la posibilidad añadida de convivir unas horas con aldeas de minorías étnicas.
Pero el senderismo en Tailandia no se limita al norte. A lo largo de todo el país se reparten áreas protegidas y parques nacionales que ofrecen desde caminatas cortas y sencillas a ascensiones exigentes de jornada completa o incluso varios días, incluyendo rutas en la península sur y hasta en islas montañosas como Koh Chang.
Trekking en el norte: Chiang Rai, Chiang Mai y el Triángulo de Oro
Una de las experiencias más recomendables para conocer las montañas del norte es realizar trekkings que combinan naturaleza y contacto directo con comunidades tribales. En los alrededores de Chiang Rai, por ejemplo, la zona de la ribera norte del río Kok, a unos 20 km al noroeste de la ciudad, es ideal para ello.
En esa región se pueden organizar rutas de uno o varios días, como el trekking de Ban Ruam Mit, que discurre por auténtica jungla y visita poblados de las minorías akha, lisu y lahu sin necesidad de adentrarse en áreas extremadamente remotas. Suelen ser itinerarios gestionados por las mismas comunidades locales, de modo que una parte importante del beneficio económico revierte directamente en ellas.
Más al sur, en Chiang Mai, destaca la ascensión a la cima de Doi Suthep siguiendo los antiguos senderos de peregrinos. El camino arranca cerca del zoológico de la ciudad, atraviesa la espesura hasta el tranquilo templo de Wat Pha Lat, junto a una pequeña cascada, y continúa por bosque hasta el célebre Wat Phra That Doi Suthep, uno de los monasterios más venerados del norte, con vistas panorámicas sobre todo el valle.
También en la provincia de Chiang Mai se encuentra el espectacular Doi Luang Chiang Dao, tercer pico más alto del país con 2.225 metros, en pleno Santuario de Vida Salvaje de Chiang Dao. La ruta hasta la cumbre, de dificultad media y alrededor de 10,5 km de longitud, se suele realizar con guía local, siendo la temporada óptima de noviembre a febrero, cuando el suelo está seco y las vistas de las montañas calizas son nítidas.
Otra joya de la zona es el Kew Mae Pan Nature Trail, un sendero circular de unos 3 km situado a unos 2.200 metros de altitud, muy cerca de la cima del Doi Inthanon, el punto más alto de Tailandia con 2.565 metros. La ruta combina un tramo de bosque siempreverde muy húmedo, una sección de ladera abierta con vistas espectaculares y un regreso nuevamente entre árboles. Sólo se puede recorrer entre noviembre y mayo y es obligatorio ir acompañado de un guía.
Parques nacionales y rutas fuera del norte clásico
Para quienes deseen salir del circuito más trillado, hay parques nacionales montañosos repartidos por otras regiones que merecen la pena. En la provincia de Loei ya hemos mencionado Phu Kradueng, un auténtico clásico entre los senderistas tailandeses, con subida exigente, gran altiplano en la parte superior y múltiples miradores sobre el paisaje de mesetas y acantilados.
Más al sur, a unas tres horas al noreste de Bangkok, se encuentra el Parque Nacional de Khao Yai, el primero que se declaró en Tailandia y hoy en día uno de los más grandes. Su terreno es montañoso y selvático, cruzado por ríos y cascadas, y alberga más de 3.000 especies de plantas junto con abundante fauna, incluidos elefantes salvajes. El parque dispone de varias rutas de senderismo señalizadas, desde paseos de menos de una hora por terreno llano hasta caminatas de jornada completa por la jungla.
Otra opción muy conocida es el Parque Nacional de Erawan, en la provincia de Kanchanaburi, famoso por sus siete niveles de pozas y cascadas de aguas turquesas donde está permitido el baño. El sendero principal avanza unos 2 km desde el nivel 1 al 7, y aunque no es especialmente largo, conviene llevar calzado que pueda mojarse y protegerse bien del calor y los resbalones.
Si nos desplazamos hacia la costa del mar de Andamán, la ruta de Tab Kak Hang Nak Nature Trail, cerca de la playa de Tub Kaek en Krabi, ofrece una caminata de unos 7 km ida y vuelta, de dificultad media-alta, que culmina en una cima de unos 500 metros de altitud. Desde allí se contemplan vistas soberbias del mar, la bahía de Phang Nga y los afilados mogotes de caliza cubiertos de jungla.
En la costa del golfo de Tailandia, al sur de Hua Hin, el Parque Nacional de Sam Roi Yot guarda un pequeño tesoro: la cueva de Phraya Nakhon, a la que se accede tras una caminata de unos 3 km desde la playa de Bang Pu (o combinando barca y subida). En su interior se abre un gran boquete por donde entra la luz, iluminando un pequeño pabellón real y permitiendo el crecimiento de vegetación gracias a la fotosíntesis.
Islas montañosas y rutas de altura en zonas menos conocidas
Entre las islas tailandesas, una de las más interesantes para el senderismo es Koh Chang, en el este del país, cerca de la frontera con Camboya. Es la segunda isla más grande de Tailandia y presenta un interior muy montañoso, con cimas que alcanzan unos 743 metros, selva prácticamente virgen en el centro y la mayor parte de los desarrollos turísticos concentrados en la costa.
Esta configuración hace que la selva interior de Koh Chang sea ideal para caminatas y observación de flora y fauna tropical, con rutas de varias horas que cruzan ríos, cascadas y miradores sobre el mar. Muchas de estas excursiones requieren cierto esfuerzo físico y, en temporada de lluvias, conviene ir acompañado de guías locales para evitar pérdidas y zonas excesivamente resbaladizas.
Entre los destinos más discretos pero muy apreciados por los senderistas tailandeses está el Parque Nacional de Phu Soi Dao, en la provincia de Uttaradit, en la frontera con Laos. Aquí se propone un trekking de dos días con noche en la cima, durmiendo en tiendas equipadas proporcionadas por el propio parque, en un entorno de montaña mucho menos masificado que otros enclaves famosos.
El recorrido arranca en torno a los 630 metros de altitud y asciende hasta un campamento situado sobre los 1.633 metros, salvando un desnivel acumulado de unos 1.000 metros en una distancia aproximada de 9 km. La subida puede llevar entre 3,5 y 6 horas según el ritmo, mientras que el descenso se realiza habitualmente en 2 a 4 horas. La dificultad física es moderada, por lo que se requiere una condición aceptable pero no hace falta ser un montañero experto.
En la cima hay buenas instalaciones para lo remoto del lugar: zona de acampada, duchas, baños, máquinas de agua y una pequeña oficina de guardabosques donde se pueden adquirir refrescos y comida sencilla. El clima en altura es suave, con temperaturas medias en torno a 20 ºC (mínimas cercanas a 15 ºC y máximas alrededor de 29 ºC), lo que hace el ambiente muy agradable para pernoctar.
Consejos prácticos y equipo básico para hacer trekking en Tailandia
Aunque muchas rutas de Tailandia no entrañan grandes dificultades técnicas, conviene ir bien preparado. En un entorno tropical montañoso, el equipamiento marca la diferencia entre un paseo agradable y una jornada agotadora o incluso peligrosa.
Es imprescindible un calzado con muy buen agarre, preferentemente botas o zapatillas de trekking que se agarren bien al barro y a las raíces. En época de lluvias, la combinación de suelo arcilloso y hojas caídas convierte muchos senderos en auténticas pistas de patinaje, por lo que un buen dibujo en la suela no es negociable.
También hay que prestar mucha atención a la hidratación y alimentación. Las temperaturas elevadas y la humedad alta hacen que se sude muchísimo más que en zonas templadas, así que conviene cargar bastante agua y reponer sales. Llevar algo de comida ligera (frutos secos, fruta deshidratada, barritas) puede salvar el día en caso de que la ruta se alargue más de la cuenta.
Otro elemento clave es la protección frente al sol y la lluvia: crema solar de alto factor, gorra o sombrero, gafas de sol y un chubasquero o poncho para los chaparrones tropicales. En la temporada de monzón (aproximadamente de mayo a octubre en buena parte del país) el impermeable pasa a ser prácticamente obligatorio.
No hay que olvidarse del repelente de insectos, fácilmente disponible en cualquier tienda 7-Eleven, y, si se camina en plena época húmeda, de algún tipo de protección contra las sanguijuelas (calcetines largos específicos o polainas ligeras). Aunque estos animales no transmiten enfermedades graves ni suelen causar más que un pequeño susto, la mayoría de la gente prefiere evitar encontrárselos pegados a los tobillos.
Completan el equipo básico unos bastones de caminar (o un bastón de bambú improvisado por el guía), un pequeño botiquín de primeros auxilios para cortes y torceduras, linterna si se va a pernoctar en el monte o visitar cuevas, ropa ligera de manga larga y pantalón largo para protegerse de picaduras, y un teléfono móvil cargado para poder orientarse y pedir ayuda si fuera necesario. Para trekkings con cierto nivel de exigencia, es muy recomendable contratar un seguro de viaje que incluya actividades de aventura.
Tailandia, vista sólo desde sus playas, se queda muy corta respecto a todo lo que puede ofrecer. Las regiones montañosas del norte y del noreste, así como los parques nacionales del centro y del sur, dibujan un país de sierras, mesetas, bosques tropicales y aldeas de montaña donde el tiempo parece ir a otro ritmo. Entender su geografía, respetar sus ecosistemas y dejarse sorprender por la mezcla de culturas, festivales, templos y senderos de trekking es la mejor manera de disfrutar de un territorio que tiene mucho más relieve del que aparenta en los folletos de playa.

