Cuando hablamos de las obras más crípticas de Francisco de Goya, es imposible no detenerse en la serie conocida como Los Proverbios. Este conjunto de grabados se ha convertido en un auténtico rompecabezas para historiadores y amantes del arte, ya que el pintor dejó tras de sí un rastro de imágenes perturbadoras y oníricas que desafían cualquier lectura lineal o sencilla. Es, sin duda, un viaje hacia lo irracional donde el artista parece explorar los rincones más oscuros de la psique humana.
Lo más curioso es que Goya no llegó a ver estas obras publicadas, pues fueron editadas mucho tiempo después de su muerte. La serie, que algunos llaman Disparates o Sueños, se siente como el testamento gráfico final del maestro, una transición hacia la oscuridad que culminaría en sus famosas Pinturas Negras. Es una obra que no pide permiso para incomodar, moviéndose entre la sátira más feroz y el delirio más absoluto.
Origen, datación y el misterio de las planchas
Saber exactamente cuándo se creó esta serie es complicarse la vida, ya que existen diversas teorías. No obstante, la opinión más aceptada sugiere que Goya trabajó en ellas en un lapso amplio, aproximadamente entre 1816 y 1823. Algunos expertos creen que las primeras láminas coinciden con el final de la Tauromaquia, basándose en que el álbum de Ceán Bermúdez guardaba una prueba de estado del grabado número 13, titulado Modo de volar.
El camino de estas planchas hasta su publicación fue un auténtico periplo. Cuando Goya se marchó a Francia en 1824, dejó los cobres en la Quinta del Sordo. Pasaron por manos de sus herederos hasta que en 1854 Román Garreta adquirió dieciocho de ellas. Más tarde, Jaime Machén intentó vendérselas al Estado y finalmente, en 1862, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando tomó posesión de las piezas.
Un dato clave es que Goya no dejó solo dieciocho planchas. En realidad, se sabe que hubo al menos veintidós grabados, pero cuatro de ellos terminaron en manos del pintor Eugenio Lucas y acabaron en una colección privada en París, siendo publicados en la revista francesa L’Art en 1877. Recientemente, estas cuatro piezas regresaron a la luz ingresando en el Museo del Louvre.
El dilema del título y la organización
Si intentas buscar un nombre único para la serie, te vas a encontrar con un lío. Al principio, quienes manejaron las planchas hablaban de Caprichos fantásticos. Sin embargo, la tradición acabó imponiendo los nombres de Proverbios o Sueños. Lo cierto es que, al revisar las pruebas de estado donde el propio Goya anotaba los títulos, la palabra predominante era Disparate, lo que hace que este sea el término más preciso y adecuado.
En cuanto al orden de las láminas, la primera edición de 1864 fue básicamente un disparo al aire; la Academia les dio una secuencia arbitraria porque no había ninguna guía clara. Años después, se descubrieron numeraciones manuscritas en las pruebas de estado que no coincidían entre sí. De hecho, se encontró una lámina con el número 25, lo que sugiere que Goya tenía planeada la serie con una extensión mayor de la que finalmente se conservó.
Técnica y proceso creativo

Desde el punto de vista técnico, estamos ante una de las obras más pulidas del artista. Goya utilizó una combinación de aguafuerte y aguatinta, empleando a veces la técnica del bruñido para jugar con las luces y los volúmenes. Para los detalles finales, no dudó en recurrir al buril y a la punta seca, logrando una profundidad visual que acentúa el dramatismo de las escenas.
El proceso de creación empezó con dibujos preparatorios realizados con pincel y aguada de sanguina, la mayoría de los cuales se guardan hoy en el Museo del Prado. Es fascinante notar que, en esta serie, los cambios entre el dibujo y la estampa son mucho más drásticos que en otros trabajos de Goya. Por ejemplo, en el Disparate furioso, lo que originalmente era un soldado en una garita militar terminó convirtiéndose en un civil con una pica atravesando el rostro de un hombre.
Interpretaciones: Entre la sátira y el carnaval
Tratar de descifrar qué quería decir Goya con estas imágenes es entrar en un terreno pantanoso. Algunos críticos ven los Proverbios como una extensión de Los Caprichos, manteniendo esa crítica mordaz a la sociedad y la política española. Otros, sin embargo, destacan que aquí el elemento fantástico y grotesco es tan fuerte que la obra se siente mucho más cercana a las Pinturas Negras, con sus escenas de pesadilla y personajes deformes.
Una de las teorías más interesantes es la de Nigel Glendinning, quien relaciona los motivos de la serie con la tradición del carnaval. Según esta visión, Goya utiliza la estética de la fiesta popular para subvertir el orden establecido. Así, el mundo se presenta al revés: la autoridad es ridiculizada y los estamentos poderosos, como el clero y los militares, aparecen degradados, ebrios o aterrorizados.
En los grabados abundan las referencias sexuales y la violencia soterrada. El uso de animales simbólicos, como el caballo raptor asociado a la potencia sexual o la rata gigante que devora mujeres, refuerza esa atmósfera de instinto y caos. También hay quien ve en la serie una reflexión sobre la infidelidad y el matrimonio, analizando figuras híbridas que parecen pedir cuentas a frailes con rostros grotescos.
Análisis de las estampas más destacadas
- Disparate femenino: Se muestra a un pelele vestido de militar siendo sacudido por mujeres, una clara burla a la masculinidad y al poder militar.
- Disparate de miedo: Un soldado huye despavorido ante alguien disfrazado de fantasma, subrayando la cobardía oculta tras el uniforme.
- Disparate general: Dos figuras con traje talar adoran a una camada de gatos, poniendo en solfa la hipocresía eclesiástica.
- Disparate claro: Un militar es arrojado de un escenario mientras un grupo de personas intenta cubrir la escena con una lona.
La serie es un despliegue de ironía y sarcasmo donde no existen parámetros lógicos tradicionales. Personajes como el Bobalicón o el Disparate volante nos llevan a un espacio donde la cordura ha sido suspendida para dar paso a una filosofía visual basada en la inversión de las normas y las virtudes.
Esta colección de dieciocho grabados, editadas en diversas tiradas a lo largo del siglo XIX y XX, sigue siendo un pilar de la obra gráfica mundial. A través de sus sombras y figuras deformes, Goya logró plasmar la soledad, la ansiedad y la subversión de la autoridad, dejando un legado que, aunque incompleto y desordenado, sigue cautivando por su modernidad y su capacidad de inquietar al espectador contemporáneo.
