La niebla

Existe un tipo de fenómeno meteorológico que realmente es muy abundante en algunas zonas del mundo y puede provocar accidentes dado que dificulta la visibilidad. Se trata de la niebla. Este fenómeno se forma por condensación del vapor de agua en superficie y puede dar lugar a situaciones más difíciles para los conductores, sobretodo, dado que hace más difícil la circulación.

Pero, ¿realmente sabemos cómo se forma la niebla, sus características y posibles consecuencias? Sigue leyendo si quieres saber más.

¿Por qué se forma la niebla?

En los días de frío en invierno y otoño (e incluso muchas mañanas de verano) es frecuente que la niebla se forme y nos sorprenda. Miramos a nuestro alrededor y la visibilidad es más reducida y da lugar a paisajes con menos color. El aire no es transparente como siempre y nos impide ver más lejos. La niebla tiene un efecto similar a estar dentro de una nube. Es decir, por fuera dificulta mucho más la vista, pero cuando estás dentro de ella, no notas estar rodeado de vapor de agua condensado. Se podría decir que estar dentro de una niebla es como estar dentro de una nube.

Y es que la niebla no es más que nubes bajas que se sitúan cerca de la superficie terrestre. Se forma a través de la condensación del vapor de agua que hay en el aire. Cuando esto ocurre, se forman pequeñas gotitas de agua y se quedan suspendidas en el aire, puesto que su peso no es suficiente como para vencer a la fuerza que opone el aire. Para que se forme una niebla es necesario que el vapor de agua que hay en el aire se tope con una corriente de aire muy fría. De esta forma podrá condensarse y dar lugar a las gotitas de agua.

Al igual que se forman las gotitas de lluvia, la niebla necesita de pequeñas partículas sólidas para condensarse sobre ellos y formarse. Por ello, nos podemos encontrar fácilmente niebla en la playa por las mañanas, puesto que el aire es más frío y la sal que hay en el aire en suspensión sirve de núcleo de condensación para que el vapor de agua pueda formar las gotitas de agua. En las ciudades el vapor de agua emplea las motas de polvo o de contaminantes para formarse la niebla.

Mecanismos de formación

La formación de la niebla depende de la región geográfica en la que nos encontremos y las condiciones ambientales. Por ejemplo, la humedad, el viento, la temperatura, la nubosidad, son variables que alteran la formación de nieblas. Si un lugar tiene demasiada humedad, será más fácil que se pueda formar la niebla dado que existen mucho más vapor de agua en el aire. Por el contrario, si en esa zona sopla el viento, será más difícil que tenga lugar la formación de niebla, ya que éste desplazará el vapor de agua y no permitirá su condensación alrededor de un núcleo.

El tipo de niebla más común que existe en los climas templados, como es el nuestro, suele formarse en otoño, gracias a que el cielo está despejado y existe un contraste alto entre las temperaturas diurnas y nocturnas. Cuando se dan estas condiciones de contraste de temperaturas, cielo descubierto y sin viento, cuando llega la noche, la superficie de la Tierra se enfría puesto que no hay nubes que sean capaz de retener el calor. Por lo tanto, el agua que hay en el aire más cálido cercano al suelo se condensa. Conforme avanza la mañana y los rayos de sol van calentando la superficie, la niebla se va disipando.

¿Dónde es más frecuente?

La niebla es más frecuente en aquellos lugares con un contraste de temperaturas más alto en el que el día es más cálido y las noches más frías y descubiertas. Por ejemplo, en lugares como lagos o el mar, existen partículas que actúan como núcleos de condensación para la formación de gotitas de agua y el suelo se enfría fácilmente, ya que no hay una fuente que le de calor (no como en las ciudades que el asfalto tiene alta capacidad de retención de calor y es capaz de almacenarlo más tiempo).

Es sobre todo en otoño cuando tienen lugar las nieblas más intensas dado que el agua de las superficies aún mantiene el calor del verano. El vapor de agua que existe alrededor de los lagos y mares se unen a las masas de aire fríos de las noches de otoño y se va condensando formando la niebla.

En algunas ocasiones nos podemos encontrar con una masa de aire algo más húmeda y cálida que se desliza sobre la superficie del mar, más fría, y al entrar en contacto con ella, se condensa y da lugar a niebla. Esto ocurre frecuentemente en los meses de verano en las aguas del Atlántico y el Cantábrico. Este efecto es similar al que se produce cuando exhalamos aire en una zona donde las temperaturas son más bajas y podemos apreciar el llamado “vaho”.

La niebla más conocida que se forma en los valles (típica escena de película o lugar fantástico) se forma de la siguiente manera: El aire frío de la cima de las montañas cercanas baja hasta el fondo de los valles. El aire más caliente tiende a ascender y el frío a descender por una simple cuestión de diferencia de densidades (aire cálido menos denso que el frío). Cuando el aire caliente va descendiendo a la vez que va disminuyendo su temperatura, se encuentra con una masa de aire fría en superficie y se condensa. Por ello, los bancos de niebla que se forman en los puertos de montaña tienen lugar cuando el aire húmedo va ascendiendo por la montaña hasta toparse con esa masa de aire frío y condensarse. Dada la gran cantidad de vapor de agua que circular, la niebla que se forma es más densa.

Riesgos asociados a la niebla

Es evidente que el riesgo más inmediato que tiene la presencia de niebla es la reducción de la visibilidad. Sobre todo, la niebla afecta a los excursionistas y aficionados al senderismo y, en su mayor parte, a los conductores. Cuando la niebla tiene lugar en una zona, no sólo se pierde la visibilidad, sino que también la excesiva acumulación de humedad que se deposita en la carretera provoca una disminución de la adherencia de los neumáticos y posibles deslizamientos. Además, la niebla se puede pegar a la luna del vehículo y dificultar más la visión cuando se empaña.

Cuando la niebla tiene lugar en lugares urbanos, las gotitas de agua utilizan las partículas contaminantes presentes en el ambiente como núcleos de condensación. Esto provoca que el suelo pavimentado pueda deslizar más y dar lugar a accidentes.

Precauciones a tener en cuenta

Cuando vamos conduciendo y nos encontramos con un banco de niebla, el instinto nos lleva a frenar bruscamente por la pérdida de visibilidad drástica. Sin embargo, realizar esta acción nos puede llevar a la pérdida del control de nuestro vehículo o que el vehículo que viene tras nosotros choque. Para evitar esto tenemos que disminuir la velocidad de forma paulatina y aumentar las distancias con el resto de vehículos. Si realizamos bien la disminución de la velocidad podremos aumentar nuestra capacidad de reacción ante cualquier situación de peligro. Ganar segundos de reacción puede evitar una colisión y salvarnos la vida.

Otra acción que se suele hacer tras entrar en un banco de niebla es utilizar las luces de largo alcance. Esto es una acción contraproducente, puesto que la cantidad de gotitas de agua que hay en el aire, al entrar en contacto con la luz, provocará un importante reflejo que desencadenará en un deslumbramiento que dificultará la visión aún más.

Si queremos evitar situaciones como esta, lo primero que debemos hacer es asegurarnos de tener las luces de corto alcance y, si se puede, las de anti niebla. Para evitar el empañamiento de los cristales que reducen la visibilidad, es importante activar los desempañadores.

Para evitar la condensación de las gotitas de agua en el parabrisas, debemos tener los limpia parabrisas en perfectas condiciones.

Algunas acciones que podemos hacer para reducir el peligro de una niebla son las siguientes:

  • No adelantar a otro vehículo.
  • No circular con las luces de emergencia encendidas, puesto que puede dar lugar a confusión a otros conductores.
  • No estacionar en los laterales de la carretera.
  • Si la niebla es demasiado intensa se debe buscar un lugar donde estacionar y esperar a que las condiciones mejoren.
  • La paciencia es el mejor aliado ante estas situaciones. Hay que tener en cuenta que se pierde la noción de la distancia y de los lugares cuando se circular por niebla.
  • Guiarse por las líneas de la carretera o los reflectores.
  • Se debe permanecer atento a la carretera y disminuir posibles distracciones como fumar, atender demasiado a la música o a los acompañantes, etc.

La niebla da lugar a paisajes preciosos, románticos y oníricos, sin embargo, puede ser todo un peligro para aquellos que conduzcan. Por ello, siempre que entre en un banco de niebla, cumpla las normas de precaución.

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