Microscopio, la ventana a un universo invisible

Microscopio

Si el holandés, Zacharias Janssen, no hubiese inventado el microscopio en el año 1590, todavía existiría todo un universo de objetos de cuya existencia la humanidad no tendría conocimiento por ser imperceptibles a simple vista.

El microscopio permite ver objetos que nuestros ojos no pueden debido a que tienen un tamaño muy reducido, como es el caso de las células o los virus, razón por la que el empleo de este artilugio ha sido fundamental en la cura de numerosas enfermedades.

El funcionamiento del microscopio se basa en unas lentes que hacen que las cosas pequeñas parezcan más grandes para que podamos verlas con claridad, aunque existen dos tipos principales de microscopio.

El microscopio óptico crea una imagen ampliada de un objeto utilizando su luz. Dicho objeto se corta muy fino, para que la luz lo traspase, y se coloca en un trozo de vidrio que recibe el nombre de diapositiva. Por último, un sistema de lentes magnifica su tamaño cuando una persona lo observa a través del ocular situado en la parte superior del microscopio.

El microscopio electrónico es más potente que el de tipo óptico, ya que utiliza un haz de electrones en lugar de luz. El objeto se deposita en el centro y a continuación se dispara un cañón de electrones desde arriba. Una imagen muy detallada del objeto se va creando en una pantalla de televisión a medida que estos traspasan el objeto.


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