Las Guerras Púnicas – El largo enfrentamiento entre Roma y Cartago

Aníbal

Para entender las Guerras Púnicas debemos remontarnos al año 264 aC. Por aquel entonces, Roma ya había conquistado toda la península italiana gracias a que contaba con el ejército más poderoso del mundo. El único rival que podía plantarle cara era Cartago.

La ciudad-estado de Cartago, que contaba con una poderosa armada, tenía colonias por todo el Mediterráneo. Con el fin de proteger el Estrecho de Messina, un paso clave situado entre la Italia continental y Sicilia, los generales romanos marcharon con sus ejércitos al sur y destruyeron la mayor parte de esas colonias.

Esa batalla dio inicio a una guerra que duraría 25 años. A pesar de que contaba con el ejército más poderoso del mundo, Roma encontró un enorme obstáculo en la marina cartaginesa, que permitía a Cartago atacar a lo largo de la costa y luego retirarse a la mar, donde estaban a salvo.

Con el fin de ganar la guerra, los romanos se vieron obligados a construir su propia flota de barcos de guerra, en los que plasmaron sus habilidades para la batalla. Hacían servir garfios que les permitían adherirse a otros buques para abordarlos, y así poder luchar hombre a hombre, terreno en el que eran superiores.

En el año 241 aC, los romanos obligaron a Cartago a rendirse y pagarles un gran tributo en forma de tierras y tesoros, pero ese sólo fue el final de la primera de las tres Guerras Púnicas.

En el año 221 aC, un joven general cartaginés llamado Aníbal atacó Roma de nuevo con un ejército formado por 40.000 soldados y 40 elefantes. Entraron en Roma a través de los Alpes, cogiendo desprevenidos a los romanos y provocándoles muchas bajas.

Hacia el año año 216 aC, Aníbal había derrotado ya a casi todo el ejército romano, aunque estos no se rindieron. Roma hizo una llamada a los ciudadanos de todo el imperio para que defendieran su patria. Y así, Roma terminó derrotando a Aníbal en el año 202 aC bajo la dirección del legendario general romano Escipión.

Pero todavía quedaba un tercer y último enfrentamiento entre Roma y Cartago, aunque esta vez la batalla se libró en tierras cartaginesas. En el año 142 aC, viendo que Cartago comenzaba a crecer de nuevo en fuerza y poder, Roma decidió realizar un ataque preventivo que puso fin a las Guerras Púnicas. Para asegurarse de acabar con la amenaza que representaba Cartago, los romanos vendieron a todos los cartagineses como esclavos e incluso esparcieron sal en sus campos para que la zona nunca pudiera volver a ser utilizada para la agricultura.


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