Las capas de los troncos de los árboles

Roble

Roble

Los árboles son las plantas más asombrosas de la Tierra. Poseen una enorme belleza, pudiendo alcanzar grandes alturas. Además, producen semillas para nosotros. Buena parte de su magia tiene lugar en el tronco.

A medida que crecen, el tronco de los árboles se vuelve más grueso a fin de soportar el aumento de peso que ello conlleva. Sin embargo, para que esto ocurra en su interior deben producirse una serie de procesos que pasan inadvertidos para nosotros, cada uno de los cuales se desarrolla en una capa distinta.

Y es que los troncos de los árboles están compuestos por diferentes capas. La primera es la corteza, la cual ejerce una función protectora y aislante. Unas diminutas hendiduras, llamadas lenticelas, permiten la entrada de oxígeno al tronco, así como la liberación de dióxido de carbono. La textura de la corteza es diferente en cada especie de árbol. Por ejemplo, la del roble es agrietada y rugosa. La corteza de la haya es muy fina y delicada, mientras que la del abedul es relativamente suave.

Justo debajo se halla una capa fina de células conocida como floema. Su función es transportar el alimento de las hojas al resto del árbol. Después viene el cámbium, otra capa delgada que se divide continuamente, aumentando el grosor del tronco.

A continuación vienen la albura, que transporta la savia, el duramen y la médula. Este último es un tejido blando que se encuentra en la parte más interior del tronco.


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