La historia del perfume

Perfume

A través de las diferentes épocas, los perfumes han fascinado siempre a los hombres. Elixir sagrado con virtudes misteriosas, privilegio lujoso de reyes y reinas, objeto de seducción: el perfume ha dejado su impronta en la historia.

El perfume nace en la Antigüedad, donde los egipcios y griegos queman esencias aromáticas (bálsamos, plantas y resinas) en honor de las divinidades. La palabra perfume procede de hecho de ahí (per fumum: por el humo). Si sus virtudes siguen siendo sagradas y sanadoras, el perfume se inicia progresivamente en el mundo de la belleza gracias a Cleopatra que lo utiliza en ungüento o en baños perfumados.

En la Edad Media, el perfume se desarrolla gracias al comercio de las materias primas procedentes de Oriente, concretamente de las especias. Los alquimistas prosperan, se descubre el alcohol etílico. Plantas y esencias protegen igualmente de epidemias graves. En 1370 aparece el Agua de la Reina de Hungría, primer gran perfume a base de alcohol y romero.

En el Renacimiento, los navegantes traen nuevos productos perfumados de América y de India. La química reemplaza a la alquimia, mejorando la calidad de las esencias. Las reinas y cortesanas se apasionan por el perfume, que se extiende en Francia gracias a Catalina de Medicis. En una época de arte y de erudición, se instalan los primeros boticarios y perfumistas, y aparecen los centros de perfumería que vienen desde Italia hasta Grasse, en Francia.


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