Jean François Champollion y los jeroglíficos

Champollion

Jean-François Champollion nació el 23 de diciembre de 1790 en Figeac. Su padre era librero, originario de Isere, y fue quien transmitió las ideas pro revolucionarias a su hijo, es decir, favorables a los Jacobinos. Séptimo hijo de la familia, Jean-François destaca por su gran inteligencia.

La leyenda cuenta que aprendió a leer solo en medio de los libros de la tienda de su padre. Niño dotado con un temperamento volcánico, no consigue integrarse fácilmente en el sistema escolar, pero se beneficia del apoyo de su hermano mayor, Jacques-Joseph.

Este último es un apasionado de la historia y de la arqueología, y presintió todo el potencial de su hermano. La elite de Grenoble se fija en él y envía a Jean-François a la capital de los Alpes con el fin de asumir su educación. El joven prodigio se revela como alguien talentoso, y se pone en manos de un abad.

En aquella época el futuro egiptólogo aprende el latín y el griego, pero también el hebreo, el árabe, el siríaco y el caldeo. En 1804, Jean-François entra en el liceo imperial de Grenoble.

Aquí continúa el aprendizaje de las lenguas antiguas y se lanza en sus primeras investigaciones, decantándose claramente por los misterios de los jeroglíficos. Persuadido de que el copto es una lengua que procede de los egipcios antiguos, se convierte en uno de los grandes especialistas europeos, antes de implicarse en el estudio de la famosa piedra Roseta y en diversos papiros.


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