Isabel y Fernando, los Reyes Católicos

Los Reyes Católicos

Cristóbal Colón en la Corte de los Reyes Católicos

Los Reyes Católicos fueron soberanos de la Corona de Castilla (1474-1504) y de la Corona de Aragón (1479-1516). Los esposos que recibieron esta denominación fueron Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla.

Isabel I o Isabel la Católica

Isabel I (1451-1504) era hija de Juan II de Castilla. En 1469 se casó con Fernando de Aragón. Tras la muerte de su hermanastro, Enrique IV de Castilla, en 1474, Isabel y Juana la Beltraneja se disputaron la sucesión al trono.

Isabel salió victoriosa después de una guerra civil. Ese mismo año, Fernando se convirtió en el rey de Aragón. Así, los Reyes Católicos gobernaron Castilla y Aragón conjuntamente, una unión de coronas que era solamente personal, no institucional, a pesar de lo cual marcó el comienzo de un reino español unificado.

Isabel promovió la expulsión de los judíos de España, la conquista de Granada y la conversión forzosa de los mudéjares. Asimismo, patrocinó a Cristóbal Colón y fomentó junto a su esposo el aprendizaje, las artes y el levantamiento de grandes construcciones. Isabel legó Castilla a su hija Juana, con Fernando como regente.

Fernando II o Fernando el Católico

Fernando II (1452-1516) fue rey de Aragón (1479-1516), rey de Castilla y León (1474-1504, como Fernando V), rey de Sicilia (1468-1516) y rey ​​de Nápoles (1504-1516). Junto a su esposa, instituyó la Inquisición para reforzar la unidad religiosa y política y patrocinó la expedición de Cristobal Colón.

En 1504, tas la muerte de Isabel, Fernando mantuvo el control sobre Castilla como regente de su hija Juana. A su muerte, Fernando legó a su nieto una España unificada, así como Nápoles, Sicilia, Cerdeña y un imperio de ultramar.

El reinado de Isabel y Fernando

El poder del trono creció durante el reinado de los Reyes Católicos. Los nobles y las Cortes fueron frenados, mientras que la Iglesia fue utilizada como instrumento político. Muchas de sus políticas tuvieron efectos duraderos, especialmente la expulsión de los judíos y musulmanes, la extracción de oro en América y la conversión de grandes áreas agrícolas en tierras de pastoreo para beneficio de la industria de la lana. España se convirtió en una potencia en el Atlántico y revolucionó el comercio en Europa.


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