Así fueron los últimos momentos del Ché Guevara

El Che Guevara tras ser capturado

El diario El País publica hoy un excelente testimonio sobre los últimos momentos de todo un mito como fue el revolucionario y libertador Ernesto Che Guevara.

Y es que en uno de los reportajes del citado periódico se incluye la entrevista a una maestra de escuela que tuvo el privilegio de ser una de las últimas personas que habló con el Che y que nos relata en primera persona aquellas vivencias.

Aquí lo reproducimos sabiendo que es un documento histórico de un enorme valor:

–       ¿Qué le dijo?

–       Que si era la maestra y que si había escrito yo en la pizarra ‘Ángulos’ sin acento,  que eso era una falta de ortografía.

–       Tenía carácter.

–       Sí, ya lo creo que tenía. Pero era algo más.

–       ¿Qué más?

–       No sé bien cómo hacerlo entender. Mire, yo lo que tenía ante mis ojos era un hombre pálido, sucio, sentado y herido -afloja la aspereza de su rostro Julia, -pero no entiendo por qué no podía verle así. Era raro. Con todo eso, era fuerte, firme, atractivo. Empezó a hablarme…

–       ¿De qué?

–       Fueron unos diez minutos. Me empezó a contar que él y sus guerrilleros habían venido a Bolivia a luchar por los débiles. Que había llegado el momento de que los pobres vencieran a los ricos. Que nosotros teníamos que luchar… Me hablaba de sus ideales.

–       ¿Y qué pensó usted cuando escuchó todo eso?

–       Verá, era inteligente, respetuoso, hablaba bien. Decía cosas con mucho sentido. Lo cierto es que me quedaba parada mirándole. No sé. Por lo que decía y cómo lo decía más que por su aspecto. Pero también por su aspecto. Yo siempre digo que era hermoso. Bello. No era un monstruo. Pensé que tenía razón en lo que hablaba.

A Julia le desapareció el miedo. Horas más tarde, sintió el impulso de preparar una sopa para llevársela al recluso. “El guardia me dio permiso a entrar de nuevo”.

–       ¿De qué era la sopa?

–       De maní.

–       ¿Le gustó?

–       No lo sé, pero me dio las gracias.

–       ¿Le habló de algo más?

–       Si, ahí fue cuando le hice la promesa. Se lo había prometido.

–       ¿Prometer? ¿Qué le prometió?

–       Estuvo hablándome otro ratito de su causa y yo le escuchaba. Estaba cómoda hablando con él. Yo le miraba todo el rato.

–       ¿Pero cuál fue la promesa?

–       Él me pidió que si podía enterarme, preguntando con disimulo a los militares, que qué iba a pasar con él. Le dije que lo iba a hacer. Quedé con él de volver a la escuelita y contárselo. Se lo prometí, ¿sabe?

–       ¿Lo hizo? ¿Se lo dijo?

–       20 minutos más tarde o algo así, desde mi casa, escuché disparos-, entrecruza Julia los dedos de las manos como haciendo resistencia al recuerdo – Volví corriendo a la escuelita y la puerta estaba abierta. Entré y él estaba allí, tirado en el suelo. […] No pude cumplir mi promesa.

–       ¿Qué hizo cuando entró usted en esa escuelita y vio a Guevara muerto, doña Julia?

–       Para mí no era Guevara, era ese hombre que me había hablado y al que le había hecho una promesa.  Me quedé paralizada. No sé por qué. Me había entrado mucho miedo. No podía ir ni quedarme. Estaba sola e inmóvil. Le miraba. Cuando pude mover las piernas, sin pensar, empecé a andar muy rápido hacia fuera del pueblo.

Más información – Historia en la web

Fuente – El País

Foto – Argentour


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Diego Calatayud

Licenciado en Filología Hispánica y amante de la literatura. Trabajo en varios de los blogs de esta misma red y creo que la cultura debería ser la... Ver perfil ›

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