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Antónimos: Contrarios a los sinónimos

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En el mundo del lenguaje, así como existen palabras con significados similares (sinónimos) para describir ciertas ideas, también existen palabras que significan completamente lo contrario. Es decir, los opuestos de los sinónimos con los Antónimos.

Su utilización es bastante sencilla y nada del otro mundo. Básicamente los antónimos se usan para hacer la negación de un adjetivo o verbo. Tomemos el caso de un adjetivo y expliquémoslo mediante la siguiente oración:

“Mi ordenador es muy moderno”. El antónimo del adjetivo moderno podría ser “ancestral”, “anterior”, “antiguo”, “arcaico”, “clásico”, “obsoleto”, “pasado”, “primitivo”, “tradicional”, “viejo”, etc. En ese caso la palabra que más se adecua con el contexto de la oración sería “antiguo”. Entonces nuestra nueva oración sería “Mi ordenador es muy antiguo”. Si fuera el caso de la oración “En aquél museo apreciamos obras de arte moderno”, en todo caso podríamos cambiar la palabra “moderno” ya no por antiguo sino tal vez por “clásico”. Hagamos un cambio más. En la oración: “Estudiamos los aspectos de la vida del hombre moderno” podría cambiarse el término moderno por “primitivo”, y nuestra oración significaría totalmente lo opuesto: “Estudiamos los aspectos de la vida del hombre primitivo”.

Vayamos al caso de un verbo. Se nos ocurre el término “Ahorrar” para graficar la idea del saldo restante entre el ingreso y el consumo. Pues bien, los antónimos podrían ser “consumir”, “derrochar”, “desperdiciar”, “despilfarrar”, “gastar”, etc. Todo depende del contexto en el que lo uses.


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