Amar y saberse amada, la ley de la reciprocidad

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Amar y saberse amada son dos principios que obedecen a la ley de la reciprocidad. Para dejarse amar, antes hay que saber amar. Amar sobreentiende el respeto que evita imponer a los demás su propia visión de las cosas, en una actitud de amor y de caridad.

Amar es dejar expresar abiertamente los sentimientos a través de gestos y actos, sin calcular los intereses. Es desinterés excluye toda expectativa de vuelta. Dejar al otro toda su libertad de ser y evitar idolatrar o mitificar a una persona que se ama, esa es la mejor manera de testimoniarle su amor. En resumen, se trata de no agobiarla.

Una buena forma de amar es la de estar a la escucha e intentar colmar al máximo, la ausencia en la vida del otro. Aprender a apreciarse y a amarse a sí mismo antes de amar a los demás, este es la lógica del proceso. Dejarse amar supone tanta finura: es saber seducir y ganarse el aprecio y la estima del otro.

Ser halagado de manera sincera es algo que siempre gusta. Por eso no se debe dudar a la hora de cumplimentar a los demás cuando sea necesario. Sin embargo, se debe evitar a toda costa caer en la complacencia. Para ganarse la confianza y el amor de los demás, conviene ser positivos y nunca subestimarse, aunque no se debe confundir esta actitud con el narcisismo.

En efecto, una imagen radiante de felicidad de alguien siempre suscita el deseo de acercarse a ella. Contrariamente, inspirar malos sentimientos suele hacer que los demás se retiren de su lado.

Para dejarse amar, se deben evitar los juicios, y mostrar consideración hacia los demás. En cualquier ocasión, conviene saber relativizar, amar con ponderación e intentar atraer la atención sin caer en la exageración.


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